La importancia de la educación emocional - Coaching On Focus
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La importancia de la educación emocional

La importancia de la educación emocional

El objetivo de este post, no es solo destacar la importancia de la gestión emocional, sino de la democratización de la gestión emocional, quiero decir, la importancia de hacer llegar a todos los colectivos el conocimiento de nuestras emociones a través de la educación.

Aunque actualmente los planes educativos ya en muchos casos incorporan la educación en emociones, se centran más en niveles educativos tempranos, tanto en infantil como en primaria y existe, en mi opinión, un vacío en la educación secundaria y superior, así como la educación de adultos.

De dónde venimos y dónde estamos

Nací en el 71, en esa época y hasta hace muy poco, no solamente gestionar las emociones, sino hablar de emociones, era algo reservado para algunos, que bien por una sensibilidad superior a la media, un sentido poético o haber tenido una educación progresista para la época, se “permitían” hablar de lo más íntimo del ser humano arriesgándose a que le llamaran “rarito” o “diferente”. La realidad es que los valores de la sociedad en décadas pasadas han evolucionado favorablemente hacia una cultura del bienestar en todas las facetas del ser humano.

En concreto en el ámbito familiar los roles del padre y de la madre eran totalmente diferentes a los actuales, así como el modo en que se criaban a los niños y a las niñas. En España, no me cabe duda, de que la emancipación y la independencia de la mujer ha tenido mucho que ver con que la gestión emocional haya tenido una progresiva incorporación en la sociedad. El rol de la mujer ya estaba asociado a la parte emocional, éramos nosotras las que nos ocupábamos de los sentimientos, las que entre nosotras hablábamos de emociones, mientras en el hombre este tipo de conductas estaban asociadas a la debilidad y en contra del patriarcado. Sin duda son muchos los factores que han permitido que a día de hoy la situación sea completamente diferente, incluso se viva una revolución de las emociones que comenzó en los años 70 con Goleman, al difundir mundialmente dos de las inteligencias múltiples de Gardner, la inteligencia personal y la inteligencia interpersonal, bases de la Inteligencia Emocional.

No hay más que ver las publicaciones, los libros, los seminarios, formaciones, nuevas asignaturas, masters, etc,…. Son muchos los foros en los que hablamos de emociones; cómo influyen las emociones en el aprendizaje, en el clima laboral, en  la prevención de nuestra salud, en las relaciones con los demás…..; vivimos una explosión de las emociones. Afortunadamente parece que hemos llegado a probar el error de Descartes, que la emoción y la razón van de la mano.

La democratización de las emociones

España somos un país de pasiones, de compartir, un país con una cultura más colectiva que individual y aunque se nos da mejor reír que llorar, podríamos decir que somos un país que está empezando a gestionar sus emociones colectivas, y esto se nota en la cultura y en los eventos sociales. Aunque nos sigamos sorprendiendo por incidentes violentos, la realidad es que cada vez se solucionan más conflictos gracias a la prevención y al diálogo, pero tenemos aún una cuenta pendiente, y es la democratización de la gestión en la educación emocional. Puede que seamos todos iguales ante la ley, pero no todos tenemos las mismas oportunidades en lo que respecta a la educación.

Afortunadamente tenemos en España grandes científicos, psicólogos, médicos, conferenciantes y profesionales en general que están dedicando gran parte de su tiempo en difundir y dar a conocer el mundo de las emociones. Diría que uno de los pioneros en estos temas fue nuestro querido Eduard Punset, quien nos sorprendió hace casi una década junto a Rafael Bisquerra creando su maravilloso Mapa de las Emociones, que nos permitió acercarnos de una manera muy gráfica al mundo de las emociones, haciendo que pudiéramos oler, dar forma y tocar todas y cada uno de los sentimientos y fuésemos conscientes de lo alejadas o cercanas que estaban las emociones entre ellas y a relacionar los diferentes sentimientos.

Aunque no podamos disfrutar de él, aún podemos disfrutar de la difusión que comenzó con Elsa para continuar con su proyecto de educación emocional. Y nos queda Bisquerra que, incansable y apasionado de las emociones nos enseña con la misma ilusión de un niño de 15 años todo lo que podemos conseguir con un adecuado equilibrio emocional y la importancia de aceptar las emociones y tener un adecuado bienestar. Preveo que su proyecto del RIEEB (Red Internacional para la Educación Emocional y el Bienestar) será un proyecto con muchísima repercusión mundial.

Grandes profesionales y eruditos de las emociones, algunos de ellos menos mediáticos, como  Enrique García Fdez- Abascal, con su increíble sentido del humor lleva muchos años contagiando en la Universidad, primero en la UCM y ahora en la UNED, su pasión por las emociones, descubriéndonos el mundo emocional como si estuviéramos dentro de Inside Up, naturalizando las emociones con esa particular humildad que muestra en sus clases y en sus libros.

Nada que envidiar a Ekman, tenemos grandes referentes que están ayudando a que las emociones vayan impregnando las universidades: David Bueno, Anna Forés, José Ramón Alonso, y cientos de profesores y profesionales que gracias a las neurociencias han evidenciado la importancia de las emociones.  Estamos en disposición de profesionalizar todo lo relacionado con las emociones. La actividad cerebral es una evidencia clara e irrefutable del proceso emocional y de cómo la emoción influye en nuestros pensamientos y a su vez como nuestros pensamientos pueden cambiar nuestras emociones; va mucho más allá de la gestión emocional; estamos en las puertas del control emocional, o de la transformación emocional, cuyo estudio, sin lugar a dudas podría revolucionar nuestras vidas y aliviar a muchas personas con transtornos de conducta y transtornos emocionales. Esta revolución ha llegado para quedarse, en todos los ámbitos, empezando por llegar a todos y cada uno de los nuevos maestros y educadores, para que lleguen a todos y cada uno de sus alumnos.

Porque solamente democratizando la educación emocional podremos tener niños, futuros ciudadanos con una inteligencia emocional óptima, sana, adecuada. Ojala hubiéramos tenido la suerte de “aprender a aprendernos”, de conocernos cuando éramos pequeños. La de disgustos, frustraciones, desgastes, conflictos y ataques de ira nos hubiéramos ahorrado….. Es tiempo de hacer llegar a todas las escuelas, institutos y universidades una buena educación emocional.

Sin embargo, hay un lado oscuro……

Sí, como en todo, existe siempre un Darth Vader, un lado oscuro y en este caso es muy preocupante, la cantidad de personas que tienen unos hábitos totalmente contrarios al bienestar, una educación emocional pobre, con muy pocos recursos emocionales para poder salir adelante o sobrevivir, con unas condiciones de vida y de convivencia familiar realmente contraproducentes para ellos mismos y sobre todo para los niños o adolescentes con quienes conviven.

Es día de a día de miles de niños es muy complicado emocionalmente. Niños de colectivos desfavorecidos escolarizados en colegios donde los profesores se dejan la piel sin apenas recursos, cientos de niños de centros de acogida que han llegado a España y no tienen más que mucha incertidumbre y miedo, menores que han llegado a España cruzando el estrecho, dejando muchos muertos en sus retinas, víctimas de violencia de género, violaciones, prostitución….y parece que son pocos, pero no, son muchos y lo más preocupante de todo es que después de un tiempo, tan solo un 5 o un 10 % regularizarán su situación, no tanto legal, sino “vital”.

Pese a todo, estos chavales nos dan una lección cada día, han tenido que desarrollar y gestionar su inteligencia emocional a marchas forzadas. Ellos sí que han aprendido muy pronto a priorizar, a darle importancia a las cosas verdaderamente importantes, a mantenerse con vida gracias a la solidaridad del grupo, a cuidar de sus hermanos……….y a sobrevivir.

Desde luego nos queda mucho para democratizar la educación emocional y poder llegar a todos estos colectivos desfavorecidos y a muchos otros  que, a día de hoy, están teniendo un contagio emocional negativo, con falta de referentes y modelos adecuados.

 

Creo firmemente que la gestión de emociones, potenciar la inteligencia emocional y educar en valores son la llave para alcanzar el bienestar social.

Y creo que no debemos dejarnos llevar por la creencia (dichosas creencias….) de que estos problemas los tienen los colectivos desfavorecidos o que son puntuales.

La sociedad actual se está polarizando, cada día los ricos son más ricos y los pobre más pobres, lo cual significa una diferencia de oportunidades, y aunque la “pobreza emocional” no es patrimonio único de hogares humildes, en aquellas casas con pocos recursos y pobre acceso a la educación, las posibilidades de que los niños tengan referentes adecuados, modelos éticos suficientes y estímulos adecuados que les permitan  desarrollarse física y mentalmente de una manera sana, son más bien escasas.

¿Y me pregunto, cómo nos ocupamos de todos los adultos que no han tenido la oportunidad de desarrollar su inteligencia emocional?

Muchos adultos que no saben gestionar sus emociones pueden llegar a ser víctimas de sí mismos. La falta de ventilación de los sentimientos, la frustración, la ira mal canalizada, una impulsividad desmedida, una falta de regulación emocional en definitiva, están detrás, subyacentes a la violencia de género, problemas de adicción, inadaptación social… ¿Cómo llegamos a ellos?

Tenemos asumido que las condiciones para los trabajadores en cualquier empresa deben ser las adecuadas respecto a las medidas de seguridad, los accesos, los materiales que usan, prevención de riesgos….. y sin embargo no hacemos nada o muy poco, cuando se trata de cuidar la salud mental y el bienestar de los empleados. Si la educación emocional llegara a todas las empresas como medida preventiva de los riesgos asociados a los trabajadores, al mismo tiempo que intervenimos desde las aulas, podríamos ir minimizando las brechas existentes y los agujeros emocionales que existen en la sociedad.

Conocer no solo las emociones, sino las bases biológicas y fisiológicas de las mismas, qué es lo que sucede en nuestro cuerpo, en nuestro cerebro, cómo reaccionamos ante las diferentes emociones es algo que todos deberíamos conocer,. Esto nos ayudaría a profesionalizar las emociones. No nos quedaríamos en lo puramente poético o en el buenismo, con eso de hay que estar felices porque así las cosas son mucho mejor, que es obvio, pero si aportamos datos objetivos de cómo las emociones influyen en nuestro aprendizaje, en la síntesis de determinadas proteínas, en la generación de neurotransmisores,en la potenciación de nuestro sistema inmune, minimizando las enfermedades, etc, etc, etc……. conseguiremos convencernos de la importancia que tiene en nuestras vidas las emociones, no solamente para la convivencia con otros, sino fundamentalmente para la convivencia con nosotros mismos.

 

by Eva García

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